A TRAVÉS DEL JARDÍN

UN RETIRO DE CREATIVIDAD Y CRECIMIENTO PERSONAL

Las enormes rejas de la casa de Espiritualidad Marc Castanyer –antigua Quinta Rosario­­– son un abrazo de hierro que recoge al grupo y lo separa del mundo exterior. Es un lugar mágico, lleno de historia e implicado tanto con la práctica de la contemplación cristiana como con la meditación zen. Por ello, entre sus paredes y en los jardines se respira tolerancia con las diferentes sendas espirituales y caminos que podemos recorrer para emprender una misma búsqueda: la conexión con nosotros mismos y con todo lo que sucede.

 

Los primeros pasos del retiro tenían como objetivo poner en marcha el mecanismo y dejar que el grupo tan diverso y nuevo se cohesionara poco a poco. Y así fue: después de la primera cena y de la relajación profunda que clausuró la jornada, los participantes comenzaron a dejar atrás las tensiones del mundo exterior y a sentirse parte de una nueva comunidad. Es lo que parece casi mágico en este tipo de experiencias: el acercamiento que consigue la práctica grupal y lo enriquecedora que resulta la compañía de otros participantes con intereses similares, aunque se trate de personas reunidas por una convocatoria casual en las afueras de un pequeño pueblo desconocido.

 

“A través del Jardín” incluyen algunas actividades en silencio para practicar esta noble disciplina y concentrar la energía en el ejercicio, aunque trabajar con palabras, exprimirlas, explorar sus connotaciones y resonancias emocionales, profundizar en los textos y en los trazos de un dibujo atento, requiere una comunicación precisa y una escucha de calidad para descubrir mil y un matices que afloran en cada nueva aportación del grupo.

 

En resto de las prácticas de meditación, dibujo y escritura propuestas están pensadas para favorecer el estado de conexión y disminuir el número de pensamientos que surgen continuamente en la mente humana. Apagar esas voces que siempre parecen agotadoramente activas proporciona descanso y sosiego, permite al cerebro resetear sus contenidos, reducir la aparición de contenidos mentales parásitos y dejar la atención deliciosamente disponible para lo que acontece.

“A través del Jardín” supone un apartarse del vagabundeo mental para entrar en la estrecha puerta que conduce al presente, dejar de actuar en piloto automático y poner toda la conciencia en cada uno de los actos de la rutina diaria. También, significa disfrutar de un respiro fuera de los servilismos a los que nos somete la conectividad –nada menos que unas 20 horas semanales de media en más en un 14% de la población–, de las imposiciones de las redes sociales y de las docenas de obligaciones diarias que convierten nuestro tiempo en el combustible indispensable para que los engranajes de esta sociedad ciega sigan funcionando a pleno rendimiento. Estas pequeñas vacaciones  incluyen a otros artilugios electrónicos y necesidades adquiridas en los que hemos delegado parte de nuestras competencias naturales y actividades de ocio.

 

Durante las sesiones se limita al máximo el uso de la tecnología: solo un par de vídeos ilustrativos, alguna imagen y dos o tres piezas de música; lo mínimo imprescindible para apoyar ciertas prácticas incluidas en el programa. Se  trata de volver a los materiales sencillos o que llevamos incorporados de serie: lápiz y papel, velas, una manta para acurrucarnos, la respiración, la palabra… la capacidad de observar y atender… nada que no pueda encontrarse en nuestro interior o en el plumier de cualquier alumno de preescolar.

 

Este equipamiento tan básico tiene como objetivo dirigir la atención hacia lo que de verdad importa. Comenzamos el trayecto definiendo conceptos como mindfulness y meditación, diferenciando lo que es la práctica formal e informal y cómo se realizan y, poco a poco, construimos el contexto en el que se asentarían las actividades de dibujo, expresión y escritura creativa propuestas para el fin de semana. El resto de las sesiones estuvieron dedicadas a experimentar con la intuición, desconectar el juez interior y dejar fluir las ideas en un marco de libertad y aceptación. También a proporcionar herramientas para seguir descubriendo nuevas formas de hacer, abordar y experimentar las situaciones cotidianas una vez se acaba el retiro y el grupo de práctica se deshace.

Y cuando todo termina, las puertas de hierro centenarias que nos acogieron dos días atrás se vuelven a cerrar a nuestras espaldas como un paréntesis gigante que pone punto y final a esta enriquecedora experiencia. Aunque como todos sabemos, la verdadera meditación comienza cuando nos levantamos del cojín para afrontar de

nuevo la vida.